Felipe y Elisa llegaron a una nave nodriza, una nave que parecía de otro mundo, un mundo igual a la tierra pero a la vez tan diferente, un mundo que parecía ya haber vivido lo que estábamos viviendo los terrícolas. Cuando aún estaban regresando del shock de asombro, vieron que entró un anciano grande, de barba y cabello blanco y que les dijo “Pensé que nunca llegarían a cumplir su misión”…
Por: Manuel Monroy
Hoy sí va a ser el día, le dijo Elisa a sus guerreras, todas las mañanas el ritual era el mismo, desde las 5 a.m. se daba inicio a la procesión de comerciantes, estudiantes, ladrones y niños, todos buscando entrar a la ciudad, atentos al momento en que la gran puerta se abriera; pero hoy no era un día cualquiera, Elisa sabía que el viento frío de esa mañana no era el mismo de siempre, el temor por la llegada inesperada de las tribus antropófagas del Norte siempre estaba presente, pero hoy, hoy era diferente, ella lo sabía.
Por: Mario Padilla Esquivel
Cuando salieron de la casa se dieron cuenta que la puerta siempre había estado abierta, pero los dos continuaron nerviosos, sin decirse nada. Sabían que Dominga podía estar cerca y que habían dejado atrás las sobras del desayuno sin recoger. A Felipe lo tranquilizó sentir que llevaba la espada con él.
Por: Felipe Londono
El clima se tornaba frío y oscuro. Los rostros de las personas alrededor eran grises y opacos, denotaban tristeza y desolación. Por su parte, Felipe sólo pensaba en el momento del enfrentamiento... realmente estaba nervioso, pero no quería demostrarlo. La espada le daba un toque de seguridad, pero ¿sería eso suficiente para vencer a sus propios miedos?
Por: Karen Abello Orozco
...Seguramente no. La espada que portaba sólo le permitía demostrar ante todos su rol. Felipe estaba muy lejos de ser el valiente guerrero que todos veían en él; su corazón, maltratado desde la infancia y la frágil personalidad producto del rechazo de su madre, forjaron un personaje que, aunque evidenciaba seguridad al acabar vidas, guardaba la misma oscuridad de los habitantes del "ensueño", para quienes representaba la única esperanza para probar los sinsabores de la libertad.
Por: Alejandra Jordi Gutierrez
Pero Elisa sabía que aquella tribu sin rima ni verso, no se ostentaría en llegar ante las puertas de aquella ciudad. El desespero y la angustia se tornaban cada vez más grandes, la gente, sin pensarlo, corría sin rumbo fijo, perdidos en su mar de agonía. De pronto, una voz de ímpetu y fuerza a lo lejos se escuchó, Elisa y Felipe se miraron.
Y dijo:........
Por: Johan A. Romero Garcia
Conocer las desventuras de un pasado es mi propio destino de ser humano. Mi historia transcurre en el deparamento de Huila,
muy pronto verán por qué.
Por: MARCO TULIO DUSSAN AMEZQUITA
-No le temo a nada sino por el contrario, a mí deberían temer. Si yo fuera vos me marcharía lejos de aquí, ¿acaso no dices que este territorio es muy peligroso? entonces, si lo sabes, ¿por qué te expones tanto?
- el hombre quedó impactado por lo que le había respondido la mujer y le dijó:
Por: Daniel Felipe Torres Ramírez
"¿Qué es eso que viene allá?", pregunta Felipe. Elisa fija la mirada y ve venir una silueta masculina, alta, delgada y ligeramente encorvada. Es un misterioso caballero quien se dirige a ellos y con voz muy grave les pregunta: "¿Vosotros qué hacéis por aquí? Os recomiendo que no se adentren en este territorio, puesto que puede ser peligroso. El hombre dirige la mirada hacia Elisa y con una sonrisa a flor de piel le dice: "¡oh, mi querida dama eres muy valiente al pisar estas tierras con tanta serenidad!" y ella con mucha seguridad en sus palabras le responde:
Por: Luz Maria Contreras Villalba
"Gracias por tus bellas palabras dice Elisa, lo tomare como un halago", y juntos siguieron hacia el comedor, depronto apareció...
Por: MARCO TULIO DUSSAN AMEZQUITA
Enfrascado en sus pensamientos surgieron en ese momento miles de emociones incomprensibles para él, y se cuestionó el porqué de aquella lucha.
El sabía que en el fondo era un pacifista, enamorado de la vida y de todo lo que ella contenía. ¿Era de hombres retroceder? ¿Tenía que morir por orgullo?... Debía seguir su corazón , la lucha estaba en sus venas, pero la lucha de ideales ,de objetivos. La pluma es más poderosa que la espada, él lo sabía pero no lo aplicaba. ¿Sería este el momento, sería este el paso?
Su lucha iniciaba, era el comienzo de su combate, el último y el más definitivo.
Por: CESAR AUGUSTO LEON GOMEZ
Perplejo y consternado continuaba su camino; Felipe sabía que no sería sencillo; con aquellos pensamientos y la mirada baja por el peso de tantos sinsabores, de melancolía y altivez, pero decidido a emprender aquel que desde ahora sería su mayor pero más decidido ideal
Por: Gider Samid Alzate Echavarria
Recordó las palabras de su Abuela,quien dulcemente siempre le decía
al oído,que debía ser ejemplo de serenidad, que recordara a Gandhi
y su filosofía de la no violencia.Esos principios de vida estaban en su
mente y corazón
Aporte desde celular
Un combate,inicialmente consigo mismo,sus temores,sus dudas y paradigmas.Toda su vida pasaba por su mente en ese instante,como una película de la cual él era el protagonista. La tribu se acercaba... era
el momento definitivo para decidir qué hacer
Aporte desde celular
Iba andando por el callejón, él la seguía. Los nervios aumentaban cada vez más tras la presencia del hombre, cuando de repente, éste la alcanzó y la tomó del brazo
- ¿Por qué me corres si estoy aquí y vengo por tí? Ya no tienes más salida no huyas más por favor
Por: alexander rave villa
es precisamente por que no tengo otra salida que debo enfrentar lo que venga,es la fuerza del destino que me persigue con saña y tengo que afrontarlo a costa de mi vida si fuera necesario. No soy yo solamente, somos todos quienes hemos estado amenazados durante siglos y es hoy o nunca.....................
Por: JORGE ARISTIZABAL
Cuando Felipe y Elisa se sentían en especial peligro, empezó a nevar, lo que hizo que el hombre violento y temeroso se diluyera entre su dolor. Como por arte paranormal Felipe y Elisa empezaron a elevarse a una dimensión desconocida.
Esta historia continuará…
Por: Manuel Monroy